Las ventas de sacos de cemento registraron un desempeño mixto durante el período enero–mayo de 2026, con una tendencia que, en términos interanuales, se mantiene mayoritariamente negativa frente al mismo período de 2025.
En enero, las ventas de ambos años se ubicaron prácticamente a la par —con una variación cercana a cero— lo que en apariencia sugería estabilidad en la demanda al inicio del año. Sin embargo, febrero marcó el punto de mayor deterioro del período: la caída interanual superó el 10%, la más pronunciada de la serie observada, con volúmenes de 2026 notablemente por debajo de los registrados en el mismo mes de 2025. Este comportamiento podría responder a factores estacionales, condiciones climáticas adversas o una desaceleración puntual en la actividad de construcción privada.
Marzo representó una recuperación significativa. Las ventas de ambos años convergieron en torno a los 1,450 sacos —el nivel más alto del período— y la variación interanual se tornó levemente positiva, aproximándose al 2%. Este repunte refleja la reactivación característica del sector construcción durante el primer trimestre, aunque su sostenibilidad quedó en entredicho en los meses subsiguientes.
Abril y mayo consolidan una tendencia de contracción moderada pero persistente. En ambos meses, las ventas de 2026 se mantuvieron por debajo de los niveles de 2025, con variaciones negativas que oscilan entre el -3% y el -4%. El mercado parece haber estabilizado su volumen en un rango de entre 1,275 y 1,350 sacos mensuales, sin recuperar el dinamismo del año anterior.
En términos acumulados, el balance del período enero–mayo apunta a una demanda de cemento en 2026 que, si bien no refleja un colapso sectorial, sí evidencia una moderación respecto al ritmo de actividad observado en 2025. La debilidad de febrero y la incapacidad de sostener el impulso de marzo sugieren que los factores que impulsaron la construcción el año pasado podrían estar perdiendo tracción, sin que nuevos motores de demanda los reemplacen con igual intensidad. En ese contexto, la incertidumbre arancelaria vigente desde principios de 2026 añade un elemento de presión adicional sobre los costos de materiales y la viabilidad de nuevos proyectos.
La evolución de estas cifras durante el segundo semestre será determinante para evaluar si la contracción interanual responde a un ajuste transitorio o anticipa una desaceleración más estructural en el sector construcción.








