Por: Sebastián Pérez Rivera
Estudiante Primer Año de Universidad
Siendo honesto, la situación económica de Puerto Rico es complicada. No es todo malo, pero tampoco es fácil ignorar los problemas que nos afectan directamente a los jóvenes.
Lo que más se siente en el día a día es la inflación. Ir al supermercado, pagar la gasolina, la luz o la renta… todo cuesta más que antes, y el dinero rinde menos. Eso lo vivimos nosotros y nuestras familias.
La vivienda es otro tema serio. Querer independizarse o ayudar en casa se ha vuelto mucho más difícil cuando los precios de compra y alquiler siguen subiendo sin parar.
El empleo ha mejorado un poco, pero los salarios no siempre acompañan ese crecimiento. Muchas personas trabajan duro y aun así les cuesta llegar a fin de mes.
Y luego está lo que todos vemos: los jóvenes se van. Familia, amigos, compañeros de clase… muchos se marchan a Estados Unidos buscando algo que aquí todavía es difícil encontrar.
Todo esto, sumado a la deuda pública y a que dependemos mucho de fondos federales, hace que el desarrollo de la isla avance lento y con limitaciones.
Lo que hay que mirarle es el pulso:
- Inflación y el alto costo de vida
- Precios de vivienda y alquiler
- Empleo y salarios reales
- Migración de jóvenes y profesionales
- Crecimiento económico y consumo
- Dependencia de fondos externos
¿Y yo qué puedo hacer?
Puede sonar a poco, pero las decisiones que tomamos hoy importan más de lo que creemos.
Primero, me enfocaría en prepararme bien, en áreas que tengan futuro real: negocios, tecnología, finanzas, emprendimiento. El conocimiento es lo que nadie te puede quitar.
Segundo, compraría local siempre que pueda. Cada peso que se queda en Puerto Rico ayuda a que la economía circule aquí con un impacto multiplicador.
Tercero, aprendería a manejar mi dinero de verdad: presupuesto, ahorro, inversión, deuda responsable. Nadie nos enseña eso en la escuela y es de lo más importante.
Cuarto, no le tendría miedo a emprender. Un negocio pequeño, un proyecto digital, una idea que resuelva un problema real… eso también apoya la economía.
Y quinto, participaría. En mi comunidad, en conversaciones sobre políticas públicas, exigiendo que se hagan las cosas bien. Los jóvenes tenemos voz, aunque a veces no lo parezca.
No voy a cambiar la economía yo solo, claro que no. Pero sí puedo tomar decisiones inteligentes con lo que estudio, lo que gasto, lo que creo y lo que exijo. Y si muchos jóvenes hacemos eso, el impacto se siente.








