En Estados Unidos no existe un límite federal a las tasas de interés que pueden cobrar las tarjetas de crédito, lo que ha permitido que los APR promedio superen el 20% y que muchas tarjetas alcancen niveles cercanos al 30%. Este marco regulatorio, vigente desde los años 80, ha sido objeto de creciente escrutinio en medio del aumento del endeudamiento de los consumidores y el encarecimiento del crédito. En este contexto, surgió recientemente una propuesta para establecer un tope del 10% a las tasas, una medida que representaría un cambio histórico en el mercado financiero estadounidense.
La idea ha generado un debate intenso entre reguladores, legisladores y el sector bancario, que advierte que un límite tan bajo podría restringir el acceso al crédito para millones de consumidores y alterar por completo el modelo de riesgo de la industria. Para Puerto Rico, donde aplican las mismas reglas federales, cualquier cambio tendría efectos inmediatos: podría aliviar la carga financiera de los hogares con balances altos, pero también reducir la disponibilidad de crédito, especialmente para segmentos de ingresos bajos o con historial crediticio limitado.








