Desde principios del siglo 21, el déficit fiscal del gobierno federal (diferencia entre ingresos y gastos) pasó de estar en el rango de $150 – $200 mil millones anuales a elevarse a $1.5 billones (trillions en inglés), en el 2010 y durante el transcurso de los últimos quince años se ha elevado hasta llegar a $1.8 billones representando el 6.2% del Producto Interno Bruto (PIB).
Durante la crisis financiera del 2008 y durante la pandemia del Covid-19, cuando el gasto federal aumentó su nivel de gastos para atender estos dos eventos históricos, el déficit aumentó considerablemente a 9.8% y 14.7%, respectivamente.
Los principales gastos del federal son el Seguro Social (25%), el Medicare (15%) y el Medicaid (10%), es decir, tres partidas de gastos representan el 50% del presupuesto de la nación. Mientras que el servicio de la deuda se encuentra en 9% de todo el gasto federal.
El peligroso endeudamiento de los Estados Unidos
Para poder financiar los crecientes déficits fiscales, el gobierno federal ha incrementado agresivamente su deuda de un nivel por debajo de $10 billones en el 2005 o 35% del PIB, al nivel actual de $36 billones o 120% del PIB en el 2024.
En esta peligrosa coyuntura fiscal, es que la segunda administración Trump comenzó a implementar reducciones en el gasto mediante el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DODGE). La estrategia fiscal del presidente Trump conlleva peligrosos riesgos. Por un lado, implementa reducción de gastos en programas como el Medicaid, SNAP, préstamos estudiantiles, y la energía renovable, a la misma vez implementa recortes contributivos cuyos costos exceden los ahorros en recortes en el gasto, lo que puede provocar un mayor aumento en la deuda federal en $4 billones entre el 2026 y el 2034, incrementando la relación de deuda a PIB a 129%.
El endeudamiento adicional del gobierno federal dependerá de las condiciones globales y la confianza de los países que compran las notas del Tesoro Federal, entre ellos China, Japón, Reino Unido, que son los principales compradores. De hecho, en los últimos años China ha ido reduciendo su exposición a la deuda norteamericana como resultado de las tenciones políticas y comerciales.
Por último, esta expansión de la deuda impondrá presiones fiscales adicionales en el gobierno federal y puede provocar mayores recortes en programas sociales o no esenciales para el funcionamiento de la nación. La quiebra de los Estados Unidos, aunque técnicamente no se ve como un escenario factible a corto o mediano plazo, no deja de ser un tema preocupante particularmente en momentos en que se recrudecen las tensiones globales y se reconfigura un nuevo orden internacional.
La deuda llegó ayer a $40 billones de dólares, lo que ha generado grandes preocupaciones entre los analistas y observadores de la situación fiscal de los Estados Unidos. El servicio de la deuda ha llegado a $1 “trillón” anualmente y, al gobierno le cuesta $3 billones de dólares diarios pagar su deuda soberana.








