El Foro Económico Mundial estima en su Global Gender Gap Report 2026 que, al ritmo actual, harán falta 120 años para alcanzar la paridad de género en el mundo. El dato más revelador del informe no es ese plazo. Es dónde se concentra la brecha. En salud y educación, las mujeres ya están prácticamente a la par de los hombres, con más de 96% de la brecha cerrada. En participación y oportunidades económicas solo se ha cerrado el 61.7%, y en empoderamiento político apenas el 22.1%. Es decir, las sociedades han invertido en preparar a las mujeres, pero no están aprovechando plenamente ese talento en el mercado laboral ni en los espacios donde se toman las decisiones económicas.
Ese desaprovechamiento tiene un costo medible. Estimados del Banco Mundial indican que cerrar las brechas de empleo entre hombres y mujeres podría elevar el PIB per cápita de largo plazo en cerca de 20% en promedio. El Fondo Monetario Internacional calcula ganancias aún mayores en los países más desiguales. Las razones son claras. Hay más personas produciendo, el talento se asigna mejor a cada puesto y la inversión ya hecha en educación rinde más. A esto se suman una base contributiva más amplia y hogares con mayor capacidad para absorber choques económicos.
Para Puerto Rico, el tema es especialmente pertinente. La participación de la mujer en la fuerza laboral alcanzó en 2025 su nivel más alto desde 1980, pero la tasa de participación femenina sigue en 38%. Más de 900,000 mujeres en edad de trabajar permanecen fuera del mercado laboral, y casi la mitad lo atribuye a responsabilidades domésticas o de cuido. Si la participación femenina igualara la masculina, la fuerza laboral de la isla podría crecer cerca de 18%. Se trata de un techo teórico de largo plazo, no de una proyección. Aun así, en una economía que envejece y pierde población, pocas palancas de crecimiento son tan poderosas. Ampliar el acceso a servicios de cuido para niños y adultos mayores, promover horarios flexibles y diseñar incentivos que no castiguen el segundo ingreso del hogar ayudaría a liberar ese potencial. No sería solo una medida de justicia social, sino también una estrategia de desarrollo económico.







